Maestra Educación Infantil y Pedagoga

 

Vivimos en una sociedad en la que los adultos estamos saturados de estímulos, distracciones, estrés, y todo esto se lo estamos transmitiendo a los más pequeños/as.

 

La idea que tienen algunos progenitores hace que a los niños no les falte de nada, y pasen a tener tanto, que no sepan gestionar las emociones que esto les provoca. Por ejemplo, una habitación llena de juguetes, “¡y no sabe a qué jugar o lo saca todo y fin!”

O, para que aprendan muchas cosas para estimular la inteligencia, les apuntamos a un sinfín de actividades extraescolares que les generan fatiga mental y estrés, ya que no respetan su ritmo de crecimiento y aprendizaje, y además vamos con prisa de un lado a otro para llegar a tiempo a todo (inglés, la compra…).

En realidad, en la etapa infantil, la mejor actividad es ir al parque o pasar tiempo en familia, gracias a ello aprendemos a conocernos y a querernos…Siempre habrá tiempo para los idiomas o los deportes…

Por otro lado, en esta sociedad altamente tecnológica exponemos a los niños cada vez antes a nuevas fuentes de entretenimiento como, la televisión, la tablet o el móvil; y desgraciadamente, muchas veces más que por un afán de entretenimiento, para permitir que el adulto pueda seguir con otras tareas.

Si además, tenemos en cuenta la falta de tolerancia a la frustración, esta exposición precoz hace que se generen situaciones complicadas como rabietas, llantos desconsolados y dependencia. Finalmente, las familias, que muchas veces no saben bien cómo gestionar estas situaciones, ceden a las peticiones de los hijos/as, por lo que cada vez se hace más complicado retirar este tipo de estímulos, provocando que los niños se hagan con el control de la situación.

Para regular todo esto, necesitamos una dosis de coherencia y paciencia: no se trata de retirar todo, si no de establecer momentos y tiempos para cada una de estas actividades, pero sin que estos tiempos estén sujetos a la inmediatez o a evitar la rabieta, si no al criterio racional de por qué ahora si o no.

Aunque parezca complejo, los niños/as pronto empiezan a entender que las cosas han cambiado y ceden, no sin antes pasar por unos días de llantos y enfados considerables. La actitud de los adultos será la de contención emocional y coherencia en lo que están enseñando, además de unas buenas dosis de mimos.

Como ya mencionamos antes, la mejor solución es el tiempo en familia para compartir, disfrutar y ser feliz.